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Parroquia Cristo Redentor
Arquidiócesis de San Juan, Puerto Rico
Iglesia Católica, Apostólica y Romana

En Comunión
BOLETÍN PARROQUIAL DIGITAL


Vigilia Pascual - Ciclo B
3 de abril de 2021



La Vigilia Pascual explicada

Según una antiquísima tradición, esta es una noche en vela en honor del Señor. Los fieles deben asemejarse a las doncellas que, con las lámparas encendidas en sus manos, esperan el retorno del Esposo, para que cuando llegue las encuentre en vela y las invite al banquete de bodas.
De la certeza y pesadumbre de la muerte, a la gozosa alegría de la Resurrección.
Esta noche, después de un largo tiempo, la Iglesia canta ¡Aleluya!, porque su Esposo Cristo ha resucitado.
Esta es “la noche”, la madre de todas las vigilias, cumbre del año litúrgico y eje del misterio de la salvación.
Esta noche es tanto el último día del Triduo Pascual como el primero de la cincuentena, del Tiempo de Pascua. Es la celebración bautismal por excelencia.
Al celebrar la muerte y resurrección de Cristo, la Iglesia no se contenta con recordar un acontecimiento del pasado sino que anuncia el hoy del misterio de la salvación, y al celebrarlo sacramentalmente, permitiéndonos participar de él, actualiza para nosotros la redención plena.
En el curso de esta vigilia, la Iglesia —cada uno de los creyentes— se inicia en el “paso” que conduce de la muerte a la vida. La Iglesia celebra la Pascua, pues la Pascua hace a la Iglesia.

La Vigilia Pascual se compone de cuatro partes: el lucernario, la liturgia de la Palabra, la liturgia bautismal y la liturgia eucarística.

El lucernario
Con el templo a oscuras, los fieles se reúnen fuera para dar comienzo a la vigilia. El sacerdote saluda al pueblo y bendice el fuego nuevo, para a continuación trazar sobre el cirio pascual la cruz, el “alfa” y la “omega” y el año de la actual pascua: Cristo es Señor del tiempo y de la historia.
A continuación se clavan en el cirio cinco granos de incienso en forma de cruz. El sacerdote enciende el cirio del fuego nuevo, y manteniéndolo elevado canta “Luz de Cristo” a lo que el pueblo responderá “Demos gracias a Dios”.
Se inicia la entrada a la Iglesia y en la misma puerta el sacerdote canta por segunda vez lo mismo y acabada la aclamación del pueblo, encienden sus velas de la llama del cirio pascual.
Al llegar al altar y vuelto hacia el pueblo se canta por tercera vez esta aclamación y se coloca el cirio en el candelero. Desde el ambón se canta el pregón pascual, hermoso anuncio lírico de lo que va a ser la fiesta de esta noche.
Toda esta primera parte es un anuncio de la resurrección de Cristo, y la luz que brota del fuego y el cirio son signos de Cristo, luz de las naciones, que ilumina a todo hombre que vive en las tinieblas del pecado.

La liturgia de la Palabra
Esta noche las lecturas tienen una coherencia muy cuidada entre ellas. Se presentan como un itinerario para entender a Jesucristo y su misterio y para entender la historia desde Él.
En estas lecturas se proclama la Historia de la Salvación en sus momentos más significativos, desde la creación a la resurrección, y tienen un fuerte carácter bautismal, contemplándose las figuras más importantes de la Pascua cristiana en el Antiguo Testamento.
Cada lectura va acompañada de un salmo que nos ayuda a interiorizar y meditar la palabra proclamada, y se cierra con una oración colecta, adquiriendo así un carácter de diálogo: Dios nos habla y nosotros no sólo acogemos su mensaje, sino que lo meditamos con los salmos y le invocamos con la oración.
Las primeras lecturas nos van preparando al canto solemne del “Gloria”. La narración de la creación nos recuerda que nos disponemos a celebrar la noche de la nueva creación, de Cristo el nuevo Adán. En Génesis 22, 1-18, contemplamos el sacrificio de Isaac, figura de la pasión de Cristo. Escuchamos en la narración de Éxodo 14, 15—15, 1 la liberación de Egipto y el paso del mar rojo, símbolo del nuevo Éxodo, el de Cristo que pasa de este mundo al Padre, y del paso por las aguas salvadoras de los que se bautizan esta noche.
La siguiente lectura es del profeta Isaías. Pasamos así de las lecturas históricas a las proféticas. La lectura de Isaías 55, 1-11 se sirve de la metáfora del agua para manifestar que Dios nos promete una alianza renovada, de la que seremos partícipes por el Bautismo. En la quinta lectura Ezequiel profetiza un agua pura y un espíritu puro, figuras de Cristo y el Espíritu Santo.
Y así la Palabra nos ha preparado a cantar solemnemente el 
Gloria”: suenan de nuevo las campanas y la música anunciando la resurrección del Señor. El “Gloria”, al que sigue una oración colecta, da paso a otra lectura, del apóstol San Pablo a los Romanos (6, 3-11), texto bautismal por excelencia en las cartas paulinas. Y es ahora cuando la Iglesia rompe a cantar el Aleluya, que se había silenciado durante toda la Cuaresma, intercalado con el Salmo 117, seguido del Evangelio de la Resurrección, que es el culmen de esta liturgia de la Palabra y la lectura principal de todo el año.


La liturgia bautismal
Después de escuchar la palabra, pasamos a celebrar los sacramentos pascuales.
El misterio de la Pascua de Cristo proclamado en las lecturas se hace realmente presente por la celebración de los misterios sacramentales. Ya desde el siglo III la noche de Pascua es la noche bautismal por excelencia, ya que el Bautismo expresa sacramentalmente la Pascua de Cristo, su Muerte y Resurrección, y es el sacramento por el cual la Iglesia acoge en su seno a sus nuevos hijos regenerados en Cristo.
Si hay bautizos esa noche, se entonan las letanías de los santos, invocando su protección sobre los que se van a bautizar. A continuación se bendice el agua en la que van a ser bautizados los catecúmenos esa misma noche y a lo largo de la cincuentena pascual.
Entonces los catecúmenos hacen la renuncia a Satanás y la profesión de fe, y reciben el Bautismo (y, si son adultos, la Confirmación también).
Seguidamente, todo el pueblo, de pie y con las velas encendidas, renueva las promesas bautismales y es asperjado con el agua bendita. Se concluye con la oración de los fieles.

La liturgia eucarística
La Eucaristía es el punto culminante de toda la celebración porque es el sacramento pascual por excelencia, memorial del sacrificio de la cruz, presencia de Cristo resucitado, consumación de la iniciación cristiana y anticipo de la pascua eterna.
Los recién bautizados adultos reciben esta noche el Cuerpo y la Sangre de su Señor, incorporándose plenamente a El.
La celebración concluye con el “Podéis ir en paz, aleluya, aleluya. Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya”.




LITURGIA DE LA PALABRA

Durante la Cuaresma se nos ha invitado a fortalecer las prácticas que conducen a una fe activa que se manifiesta por medio de la caridad. Y a examinarnos para quitar de nuestra vida todo lo que apaga la fe, lo que nos lleva a apoyarnos en los medios humanos y no en Dios. Hoy el Evangelio nos presenta a María Magdalena y a Pedro y Juan como ejemplos de fe. Esa confianza dócil en el Señor los lleva a captar los signos de su presencia, que son signos de su amor. En el relato vemos tres signos: el sepulcro vacío, las vendas en el suelo y el sudario enrollado aparte. Captar los signos –que pasan desapercibidos a quien no cree– fortalece la fe y lleva a una experiencia del amor de Dios que despierta en nosotros el querer amarlo más. Al igual que sucedió con el discípulo que llegó primero al sepulcro, la Sagrada Escritura fortalecerá nuestra fe y la fe nos hará captar mejor los signos que nos permitirán entender mejor la Escritura.




CONSEJO DE LA SEMANA

A partir de hoy y por cincuenta días hasta Pentecostés las lecturas de la Misa nos ayudarán a continuar nuestro recorrido de crecimiento en la fe atentos a los signos del amor de Dios por nosotros. Haz el propósito de meditarlas cada día por al menos media hora. Añade la explicación o comentario de alguna fuente católica autorizada, bien en libro impreso o en Internet. ¿Con qué signos externos concretos vas a celebrar la Resurrección de Jesús en tu casa y en tu comunidad?




VIDA PARROQUIAL

Santa Misa dominical en el templo y por Zoom:
La Misa dominical con participación de fieles presidida por P. Javier se celebra los sábados a las 6:00 pm y los domingos a las 10:30 am. Los domingos se transmite por Zoom, precedida del comentario de las lecturas por P. Ángel de 9:50 a 10:20 am. Esta Misa se transmite también en vivo por nuestro canal de YouTube y por Facebook. Para participar el próximo fin de semana oprima en el día: sábado o domingo. Es indispensable reservar su espacio para poder participar presencialmente.

Por el momento:
Los Ministros de la Comunión y Pastoral de la Salud no estarán visitando a los enfermos e impedidos de asistir a la parroquia. El teléfono de la oficina parroquial (787-946-1999) lo contestará la secretaria desde su hogar. Enfermos o fieles que requieran algún sacramento llamarán al P. Javier a su celular directamente (939-428-0764) y él los atenderá. Pedimos que se mantengan atentos a nuestra página web donde tendremos la información más reciente sobre la vida parroquial.

Cada semana encuentran en YouTube y Facebook:
[1] el Cenáculo Mariano con Exposición del Santísimo los martes a las 4 pm
[2} la Hora Santa de Adoración los jueves a las 10 am
[3] la Santa Misa dominical que se transmite en vivo los domingos a las 10:30 am
Sígannos en Facebook y suscríbanse al canal de YouTube activando las notificaciones.

Para hacer su donativo:
[1] entregue su sobre al llegar a la Misa en el templo
[2] envíelo por correo a: Urb. El Paraíso, 140 Calle Ganges, San Juan, Puerto Rico 00926
[3] con tarjeta de crédito o PayPal, vaya a la página web de la parroquia y escoja Donar en el menú superior izquierdo, seleccione el concepto “Colectas Misas-Fondo general” y ponga su número de sobre en el campo de comentario
[4] con ATH Móvil, seleccione “Donar”, busque “pacrired” y ponga en el campo de “Mensaje” su número de sobre y el concepto del donativo (Colecta, Ofrenda por Misa, etc.)

Jueves Eucarísticos
Ya tenemos nuevamente adoración eucarística presencial los jueves en horario de 4 a 7 pm y la celebración de la Santa Misa a las 6 pm. No es necesario reservar.




INFORME ECONÓMICO
28 de marzo de 2021

 Colecta de la semana - sueltos $235.70
 Colecta de la semana - sobres  1,162.50
 Donativos por medios electrónicos (incluye $25 de donantes por sobres)  75.00
 Tasas administrativas (Bautismos, Misas, Otros)  10.00
 Donativos especiales Semana Santa  20.00
 ACUMULADO ANUAL  
 Ingresos en lo que va del año  20,501.53
 Gastos (no incluye pagos de proyectos)   20,171.80
 Neto
 $329.73

Ante la merma de ingresos ordinarios recurrentes en el Fondo Ordinario parroquial, por el cierre parcial de la Parroquia, los gastos se han estado cubriendo, en parte, con dineros del Fondo de Construcción y Mejoras. Los mismos se devolverán cuando se generen ingresos suficientes en el Fondo Ordinario.

NOTA: Durante los años 2018, 2019 y 2020 se hicieron pagos de proyectos ascendentes a $52,965.13. Los proyectos de mejoras se reanudarán cuando las circunstancias así nos lo permitan.




SANTA MISA



Primera lectura

Lectura del libro del Génesis (1, 1 - 2, 2)

Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra estaba informe y vacía; la tiniebla cubría la superficie del abismo, mientras el espíritu de Dios se cernía sobre la faz de las aguas. Dijo Dios:
   «Exista la luz».
Y la luz existió.
Vio Dios que la luz era buena. Y separó Dios la luz de la tiniebla. Llamó Dios a la luz «día» y a la tiniebla llamó «noche».
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero.
Y dijo Dios:
   «Exista un firmamento entre las aguas, que separe aguas de aguas».
E hizo Dios el firmamento y separó las aguas de debajo del firmamento de las aguas de encima del firmamento.
Y así fue.
Llamó Dios al firmamento «cielo».
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo.
Dijo Dios:
   «Júntense las aguas de debajo del cielo en un solo sitio, y que aparezca lo seco».
Y así fue.
Llamó Dios a lo seco «tierra», y a la masa de las aguas llamó «mar».
Y vio Dios que era bueno.
Dijo Dios:
   «Cúbrase la tierra de verdor, de hierba verde que engendre semilla, y de árboles frutales que den fruto según su especie y que lleven semilla sobre la tierra».
Y así fue.
La tierra brotó hierba verde que engendraba semilla según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla según su especie.
Y vio Dios que era bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero.
Dijo Dios:
   «Existan lumbreras en el firmamento del cielo, para separar el día de la noche, para señalar las fiestas, los días y los años, y sirvan de lumbreras en el firmamento del cielo, para iluminar sobre la tierra».
Y así fue.
E hizo Dios dos lumbreras grandes: la lumbrera mayor para regir el día, la lumbrera menor para regir la noche; y las estrellas. Dios las puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra, para regir el día y la noche y para separar la luz de la tiniebla.
Y vio Dios que era bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto.
Dijo Dios:
   «Bullan las aguas de seres vivientes, y vuelen los pájaros sobre la tierra frente al firmamento del cielo».
Y creó Dios los grandes cetáceos y los seres vivientes que se deslizan y que las aguas fueron produciendo según sus especies, y las aves aladas según sus especies.
Y vio Dios que era bueno.
Luego los bendijo Dios, diciendo:
   «Sed fecundos y multiplicaos, llenad las aguas del mar; y que las aves se multipliquen en la tierra».
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto.
Dijo Dios:
   «Produzca la tierra seres vivientes según sus especies: ganados, reptiles y fieras según sus especies».
Y así fue.
E hizo Dios las fieras según sus especies, los ganados según sus especies y los reptiles según sus especies.
Y vio Dios que era bueno.
Dijo Dios:
   «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los ganados y los reptiles de la tierra».
Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó.
Dios los bendijo; y les dijo Dios:
   «Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven sobre la tierra».
Y dijo Dios:
   «Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran semilla sobre la superficie de la tierra y todos los árboles frutales que engendran semilla: os servirán de alimento. Y la hierba verde servirá de alimento a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra y a todo ser que respira».
Y así fue.
Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto.
Así quedaron concluidos el cielo, la tierra y todo el universo.
Y habiendo concluido el día séptimo la obra que había hecho, descansó el día séptimo de toda la obra que había hecho.
Palabra de Dios. (R. Te alabamos, Señor.)



Salmo
(103, 1-2a. 5-6. 10 y 12. 13-14. 24 y 35c (R.: cf. 30))

Envía tu espíritu, Señor,
y repuebla la faz de la tierra.


Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto. R.

Asentaste la tierra sobre sus cimientos,
y no vacilará jamás;
la cubriste con el manto del océano,
y las aguas se posaron sobre las montañas. R.

De los manantiales sacas los ríos,
para que fluyan entre los montes;
junto a ellos habitan las aves del cielo,
y entre las frondas se oye su canto. R.

Desde tu morada riegas los montes,
y la tierra se sacia de tu acción fecunda;
haces brotar hierba para los ganados,
y forraje para los que sirven al hombre.
Él saca pan de los campos. R.

Cuántas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con sabiduría;
la tierra está llena de tus criaturas.
¡Bendice, alma mía, al Señor! R.



Segunda lectura

Lectura del libro del Génesis (22, 1-18)

En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán. Le dijo:
   «¡Abrahán!».
El respondió:
   «Aquí estoy».
Dios dijo:
   «Toma a tu hijo único, al que amas, a Isaac, y vete a la tierra de Moria y ofrécemelo allí en holocausto en uno de los montes que yo te indicaré».
Abrahán madrugó, aparejó el asno y se llevó consigo a dos criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el holocausto y se encaminó al lugar que le había indicado Dios.
Al tercer día levantó Abrahán los ojos y divisó el sitio desde lejos. Abrahán dijo a sus criados:
   «Quedaos aquí con el asno; yo con el muchacho iré hasta allá para adorar, y después volveremos con vosotros».
Abrahán tomó la leña para el holocausto, se la cargó a su hijo Isaac, y él llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos.
Isaac dijo a Abrahán, su padre:
   «Padre».
Él respondió:
   «Aquí estoy, hijo mío».
El muchacho dijo:
   «Tenemos fuego y leña, pero, ¿dónde está el cordero para el holocausto?».
Abrahán contestó:
   «Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío».
Y siguieron caminando juntos.
Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán alargó la mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:
   «¡Abrahán, Abrahán!».
Él contestó:
   «Aquí estoy».
El ángel le ordenó:
   «No alargues la mano contra el muchacho ni le hagas nada. Ahora he comprobado que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, a tu único hijo».
Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.
Abrahán llamó aquel sitio «El Señor ve», por lo que se dice aún hoy «En el monte el Señor es visto».
El ángel del Señor llamó a Abrahán por segunda vez desde el cielo y le dijo:
   «Juro por mí mismo, oráculo del Señor: por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único, te colmaré de bendiciones y multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de sus enemigos. Todas las naciones de la tierra se bendecirán con tu descendencia, porque has escuchado mi voz».

Palabra de Dios. (R. Te alabamos, Señor.)



Salmo
(15, 5 y 8. 9-10. 11 (R.: 1))

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos
ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. R.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R.



Tercera lectura

Lectura del libro del Éxodo (14, 15 - 15, 1a)

   En aquellos días, el Señor dijo a Moisés:
   «¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los hijos de Israel que se pongan en marcha. Y tú, alza tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los hijos de Israel pasen por medio del mar, por lo seco. Yo haré que los egipcios se obstinen y entren detrás de vosotros, y me cubriré de gloria a costa del faraón y de todo su ejército, de sus carros y de sus jinetes. Así sabrán los egipcios que yo soy el Señor, cuando me haya cubierto de gloria a costa del faraón, de sus carros y de sus jinetes».
   Se puso en marcha el ángel del Señor, que iba al frente del ejército de Israel, y pasó a retaguardia. También la columna de nube, que iba delante de ellos, se desplazó y se colocó detrás, poniéndose entre el campamento de los egipcios y el campamento de Israel. La nube era tenebrosa y transcurrió toda la noche sin que los ejércitos pudieran aproximarse el uno al otro. Moisés extendió su mano sobre el mar y el Señor hizo retirarse el mar con un fuerte viento del este que sopló toda la noche; el mar se secó y se dividieron las aguas. Los hijos de Israel entraron en medio del mar, en lo seco, y las aguas les hacían de muralla a derecha e izquierda. Los egipcios los persiguieron y entraron tras ellos, en medio del mar: todos los caballos del faraón, sus carros y sus jinetes.
   Era ya la vigilia matutina cuando el Señor miró desde la columna de fuego y humo hacia el ejército de los egipcios y sembró el pánico en el ejército egipcio. Trabó las ruedas de sus carros, haciéndolos avanzar pesadamente.
   Los egipcios dijeron:
   «Huyamos ante Israel, porque el Señor lucha por él contra Egipto».
   Luego dijo el Señor a Moisés:
   «Extiende tu mano sobre el mar, y vuelvan las aguas sobre los egipcios, sus carros y sus jinetes».
   Moisés extendió su mano sobre el mar; y al despuntar el día el mar recobró su estado natural, de modo que los egipcios, en su huida, toparon con las aguas. Así precipitó el Señor a los egipcios en medio del mar.
   Las aguas volvieron y cubrieron los carros, los jinetes y todo el ejército del faraón, que había entrado en el mar. Ni uno solo se salvó.
   Mas los hijos de Israel pasaron en seco por medio del mar, mientras las aguas hacían de muralla a derecha e izquierda.
   Aquel día salvó el Señor a Israel del poder de Egipto, e Israel vio a los egipcios muertos, en la orilla del mar. Vio, pues, Israel la mano potente que el Señor había desplegado contra los egipcios, y temió el pueblo al Señor, y creyó en el Señor y en Moisés, su siervo.
   Entonces Moisés y los hijos de Israel entonaron este canto al Señor:

No se dice Palabra de Dios.



Salmo
(Ex 15, 1b-2. 3-4. 5-6. 17-18 (R.: 1b))

Cantaré al Señor, gloriosa es su victoria.

Cantaré al Señor, gloriosa es su victoria,
caballos y carros ha arrojado en el mar.
Mi fuerza y mi poder es el Señor,
El fue mi salvación.
Él es mi Dios: yo lo alabaré;
el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré. R.

El Señor es un guerrero,
su nombre es “El Señor”.
Los carros del faraón los lanzó al mar,
ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes. R.

Las olas los cubrieron,
bajaron hasta el fondo como piedras.
Tu diestra, Señor, es magnífica en poder,
tu diestra, Señor, tritura al enemigo. R.

Lo introduces y lo plantas en el monte de tu heredad,
lugar del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor, que fundaron tus manos.
El Señor reina por siempre jamás. R.



Cuarta lectura

Lectura del libro de Isaías (55, 1-11)

Esto dice el Señor:
   «Sedientos todos, acudid por agua;
   venid, también los que no tenéis dinero:
   comprad trigo y comed, venid y comprad,
   sin dinero y de balde, vino y leche.
¿Por qué gastar dinero en lo que no alimenta
   y el salario en lo que no da hartura?
Escuchadme atentos y comeréis bien,
   saborearéis platos sustanciosos.
Inclinad vuestro oído, venid a mí:
   escuchadme y viviréis.
Sellaré con vosotros una alianza perpetua,
   las misericordias firmes hechas a David:
   lo hice mi testigo para los pueblos,
   guía y soberano de naciones.
Tú llamarás a un pueblo desconocido,
   un pueblo que no te conocía correrá hacia ti;
   porque el Señor tu Dios,
   el Santo de Israel te glorifica.
Buscad al Señor mientras se deja encontrar,
   invocadlo mientras está cerca.
Que el malvado abandone su camino,
   y el malhechor sus planes;
   que se convierta al Señor, y él tendrá piedad,
   a nuestro Dios, que es rico en perdón.
Porque mis planes no son vuestros planes,
   vuestros caminos no son mis caminos
   —oráculo del Señor—.
Cuanto dista el cielo de la tierra,
   así distan mis caminos de los vuestros,
   y mis planes de vuestros planes.
Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo,
   y no vuelven allá sino después de empapar la tierra,
   de fecundarla y hacerla germinar,
   para que dé semilla al sembrador
   y pan al que come,
   así será mi palabra que sale de mi boca:
   no volverá a mí vacía,
   sino que cumplirá mi deseo
   y llevará a cabo mi encargo».

Palabra de Dios. (R. Te alabamos, Señor.)



Salmo
(Is 12, 2-3. 4bcde. 5-6 (R.: 3))

Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.

«Él es mi Dios y Salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación».
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación. R.

«Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso». R.

Tañed para el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sion,
porque es grande en medio de ti el Santo de Israel. R.



Quinta lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel (36, 16-17a. 18-28)

Me vino esta palabra del Señor:
«Hijo de hombre, la casa de Israel profanó
con su conducta y sus acciones
la tierra en que habitaba.
Me enfurecí contra ellos,
   por la sangre que habían derramado en el país,
   y por haberlo profanado con sus ídolos.
Los dispersé por las naciones,
   y anduvieron dispersos por diversos países.
   Los he juzgado según su conducta y sus acciones.
Al llegar a las diversas naciones,
   profanaron mi santo nombre,
   ya que de ellos se decía:
   “Estos son el pueblo del Señor
   y han debido abandonar su tierra”.
Así que tuve que defender mi santo nombre,
   profanado por la casa de Israel
   entre las naciones adonde había ido.
Por eso, di a la casa de Israel:
   “Esto dice el Señor Dios:
No hago esto por vosotros, casa de Israel,
   sino por mi santo nombre, profanado por vosotros
   en las naciones a las que fuisteis.
Manifestaré la santidad de mi gran nombre,
   profanado entre los gentiles,
   porque vosotros lo habéis profanado en medio de ellos.
Reconocerán las naciones que yo soy el Señor
   —oráculo del Señor Dios—,
   cuando por medio de vosotros les haga ver mi santidad.
Os recogeré de entre las naciones,
   os reuniré de todos los países
   y os llevaré a vuestra tierra.
Derramaré sobre vosotros un agua pura
   que os purificará:
   de todas vuestras inmundicias e idolatrías
   os he de purificar;
   y os daré un corazón nuevo,
   y os infundiré un espíritu nuevo;
   arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra,
   y os daré un corazón de carne.
Os infundiré mi espíritu,
   y haré que caminéis según mis preceptos,
   y que guardéis y cumpláis mis mandatos.
Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.
   Vosotros seréis mi pueblo,
   y yo seré vuestro Dios”».

Palabra de Dios. (R. Te alabamos, Señor.)



Salmo
(50, 12-13. 14-15. 18-19 (R.: 12a))

Oh, Dios, crea en mí un corazón puro.

Oh, Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso;
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti. R.

Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
El sacrificio agradable a Dios
es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú, oh, Dios, tú no lo desprecias. R.



Gloria

Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Por tu inmensa gloria te alabamos,
te bendecimos, te adoramos,
te glorificamos, te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso.
Señor, Hijo único, Jesucristo.

Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre;
tú que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros;
porque sólo tú eres Santo,
sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.



Epístola

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (6, 3-11)

Hermanos:
Cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte.
Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.
Pues si hemos sido incorporados a él en una muerte como la suya, lo seremos también en una resurrección como la suya; sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado con Cristo, para que fuera destruido el cuerpo de pecado, y, de este modo, nosotros dejáramos de servir al pecado; porque quien muere ha quedado libre del pecado.
Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque quien ha muerto, ha muerto al pecado de una vez para siempre; y quien vive, vive para Dios.
Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

Palabra de Dios. (R. Te alabamos, Señor.)



Aleluya
(Sal 117, 1-2. 16-17. 22-23)

Aleluya, aleluya. aleluya.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia. R.

«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa».
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor. R.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. R.



Evangelio

Lectura del santo Evangelio según san Marcos (16, 1-7)
(R. Gloria a ti, Señor.)

Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Y se decían unas a otras:
   «¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?»
Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida, y eso que era muy grande.
Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y quedaron aterradas.
Él les dijo:
   «No tengáis miedo. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? Ha resucitado. No está aquí. Mirad el sitio donde lo pusieron. Pero id a decir a sus discípulos y a Pedro: “Él va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo”».

Palabra del Señor. (R. Gloria a ti, Señor Jesús.)



Credo

Credo de Nicea-Constantinopla

Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios,
Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros, los hombres,
y por nuestra salvación
bajó del cielo,
y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen,
y se hizo hombre;
y por nuestra causa fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día, según las Escrituras,
y subió al cielo,
y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria
para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo,
Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia,
que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo bautismo
para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro.

Amén.


Credo «de los Apóstoles»

Creo en Dios, Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna.

Amén.



Santo

Santo, santo, santo es el Señor, Dios del universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosana en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosana en el cielo.



Cordero

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
danos la paz.



Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. Pero como ahora no puedo recibirte sacramentado, ven espiritualmente a mi corazón.
(Pausa de adoración)
Como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno todo a Ti. No permitas, Señor, que jamás me separe de Ti. Amén.



Reina del Cielo

V. Reina del Cielo, ¡alégrate!, ¡aleluya!
R. Porque el Señor, a quien has merecido llevar, ¡aleluya!

V. Ha resucitado según su palabra, ¡aleluya!
R. Ruega al Señor por nosotros, ¡aleluya!

V. Gózate y alégrate, Virgen María, ¡aleluya!
R. Porque verdaderamente ha resucitado el Señor, ¡aleluya!

Oración
V. Oh Dios, que por la resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, te has dignado dar la alegría al mundo, concédenos que, por la intercesión de su Madre, la Virgen María, alcancemos los gozos de la vida eterna. Por el mismo Cristo, nuestro Señor.
R. Amén.




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